Diciembre 2006
Por favor y gracias: Dos maneras de orar
Durante el mes de noviembre, muchos católicos de la Arquidiócesis me enviaron tarjetas con solicitudes para incluir en mis oraciones. Miles de estas tarjetas y sus solicitudes permanecen en la capilla de mi residencia y cada día intento leer algunas de ellas y dar forma a mi oración incluyendo las necesidades descritas en estas tarjetas.
En ellas se solicitan oraciones para
seres queridos que han muerto y para
otros que están por ser operados o que
luchan con la depresión. Muchos están
preocupados por la soledad, por el hecho
de volverse más viejos y frágiles, por el
rompimiento de las familias o por los
hijos que ya no practican la fe católica.
Algunos rezan por tener más sacerdotes
que sirvan a nuestra Arquidiócesis y por
un incremento en las vocaciones a la vida
consagrada. Otros solicitan una solución
definitiva a la crisis de abusos sexuales y
por una justicia para todos los involucrados.
Una petición constante fue la paz en
el mundo y porque el Señor mantenga
seguras a nuestras tropas en Irak.
Muchos de ustedes, aún cuando me
piden que ore por sus intenciones, me
aseguran que continúan orando por mi
salud y por mi recuperación de la cirugía.
Estoy profundamente conmovido por
estas tarjetas y por su solidaridad en las
oraciones. Estoy muy agradecido por la
oportunidad de conocer dichos deseos,
porque mi principal tarea como obispo o
como sacerdote es orar por aquellas personas
que el Señor me ha dado para amar
y pastorear.
Usualmente los sacerdotes en la Misa
toman la lectura del Evangelio, la tercera
de las lecturas de las Escrituras, como
texto base para la homilía; sin embargo
la segunda lectura del domingo de hace
algunas semanas merece atención especial.
Fue tomado de la Carta a los
Hebreos, un texto cuyo tema principal es
el sacerdocio de Jesús. La carta comienza
con una fuerte afirmación de la divinidad
de Jesús. Dios ha hablado en
muchas maneras fragmentadas a través
de los profetas, pero también nos ha
hablado, en Cristo, a través de su Hijo.
Este Hijo es el “resplandor de la gloria de
Dios y la impronta de su sustancia?”
(Heb. 1:3), aquel quien “sostiene todo con
su palabra poderosa”.
El segundo capítulo de la Carta de los
Hebreos es igualmente una fuerte afirmación
de la humanidad de Jesús. Jesús
ha sido, por un tiempo, hecho menos que
los ángeles, convirtiéndose en el sujeto
del dolor, incluso al punto de "padecer la
muerte dispuesta para todos" (Heb. 2:9).
Jesús fue “perfeccionado mediante el
sufrimiento" y “se asemejó en todo a sus
hermanos y hermanas” (Heb. 2:17. Esta
unión del señorío y de la bajeza en Jesús
hace de él “un sacerdote misericordioso y
fiel en lo que toca a Dios, y en expiar los
pecados del pueblo". (Heb. 2: 17-18).
Debido a que Jesús es el verdadero Dios y
un verdadero hombre, él es el perfecto
reconciliador, el Sumo Sacerdote cuyo
auto sacrificio y oraciones unen a Dios, su
padre y a los seres humanos con quienes
ha echado su suerte.
Una manera de orar, de unirnos a
Dios, es pedir lo que nuestros corazones
desean, confiando que todo lo que esperamos
esté en la voluntad de Dios para
nuestra salvación. Sus tarjetas son evidencia
de esta manera de orar. Las oraciones
de Jesús y de su Iglesia son con frecuencia
oraciones de petición. Al hablar
con Dios, decimos “por favor”. Sin embargo,
a finales de este mes de noviembre,
hablamos a Dios con otro tipo de oración.
Decimos “gracias” porque la gratitud es
otra manera de ligar nuestras vidas al
Señor.
Hace poco, mientras hablaba de dar
gracias a Dios, el Papa Benedicto XVI
mencionó que, en las familias, los pequeños
son enseñados "a agradecer al Señor
siempre que comen, con una pequeña
oración y la señal de la cruz". Debemos
mantener o redescubrir esta costumbre,
porque nos enseña a no tomar “nuestro
pan de cada día” por sentado y a reconocerlo
en su lugar como un don de la
Providencia”. El Santo Padre agregó,
“Debemos comenzar el hábito de bendecir
al Creador por cada cosa: por el aire y
el agua, por los elementos preciosos que
son la base de la vida en nuestro planeta,
así como por la comida que, a través de la
fecundidad de la Tierra, Dios nos da para
nuestro sustento".
Hacemos esta plegaria de agradecimiento
en las comidas, especialmente el
Día de Dar Gracias, cuando agradecemos
al Señor por todo lo que nos ha dado como
familia y como nación. De la misma
manera en que expresamos nuestros
deseos en plegarias de petición, también
pensemos en cada elemento de nuestras
vidas y expresemos dicho pensamiento
en oraciones de agradecimiento. Deseo y
gratitud, solicitud y agradecimiento, son
dos maneras de unirnos a Dios en la oración.
Además de las plegarias que hacemos
el uno por el otro y por nuestras familias,
pidamos al Señor proteger al Papa
Benedicto durante su viaje a Turquía que
tendrá lugar del 28 de noviembre al 1 de
diciembre y también agradezcamos al
Señor por el ministerio sacerdotal del
Santo Padre al servicio de la unidad de la
Iglesia.
Sinceramente suyo en Cristo:
Cardenal Francis George, O.M.I.
Arzobispo de Chicago