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Arquidiócesis de Chicago
Sept 2004

La primacía de la gracia: de agosto 15 hasta el 8 de diciembre. . .

 

Gracia es un nombre familiar, usado por mujeres verdaderas y personajes ficticios. La gracia es de lo que declaramos llena a María, la madre de Jesús, cada vez que repetimos en oración las palabras del Arcángel Gabriel, el que fue enviado por Dios para comunicarle sus planes para nuestra salvación (Luc. 1:28). Gracia es lo que cada uno recibimos por primera vez a través del bautismo. La Gracia es la vida de Dios en nosotros. La Gracia es un obsequio. El 15 de agosto, la iglesia celebró la festividad de la Asunción de la Santísima Virgen María al cielo. La Iglesia Católica Occidental y la Ortodoxa llaman a la festividad de la Dormición que la Virgen está durmiendo. Hace algunos años, un cristiano evangélico me dijo que esta festividad lo desconcertaba. Él no podía entender cómo la creencia de que María fue asumida corporalmente hacia el cielo al momento de su muerte, tenía cabida dentro de la fe cristiana. Le pregunté si él creía si Cristo había resucitado corporalmente de entre los muertos, sabiendo yo de antemano que él con seguridad se mantendría firme ante esta creencia. Entonces le pregunté si él creía que cada uno de nosotros también resucitaríamos en cuerpo algún día de entre los muertos para ser juzgados por Cristo mismo. Una vez más él repitió que él creía en la resurrección general de entre los muertos al final de todos los tiempos. Entonces le pregunté si él estaba celoso de que la Santísima Virgen María se hubiera adelantado al resto de nosotros en la resurrección. Él no admitió el punto sin antes citar un explícito texto de las escrituras para respaldarlo, pero concedió una cierta lógica a la discusión.

La lógica es la lógica de la gracia. La gracia nos conforma con Jesús Cristo, a través de quien todas las cosas fueron hechas y en quien todos encontramos la salvación. María es la criatura conformada lo más perfectamente posible con su divino Hijo, el primero de sus discípulos. Ella fue preparada para ser la Madre de Dios por ser preservada de cualquier mancha de pecado a partir del primer momento de su concepción. La festividad de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre celebra esta gracia singular concedida por Dios a María. La doctrina de la Inmaculada Concepción no sostiene que María fue concebida milagrosamente en el vientre de su madre, Ana. Ella no lo fue. Mas bien, la doctrina declara como una verdad de fe que María fue preservada de pecado desde el primer momento de su concepción, el primer instante de su existencia. Nunca quebrantado por el pecado, salvado por ser preservado del pecado, María es la primera en beneficiarse de la conquista de Cristo sobre el pecado, la primera después de Cristo en experimentar en persona la resurrección.

Este 8 de diciembre, la Iglesia celebra el 150 aniversario de la Proclamación solemne de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María como dogma de la fe católica. María, bajo la advocación o título de su Inmaculada Concepción, es la patrona de los Estados Unidos. En 1843, la Diócesis de Chicago fue dedicada por el Obispo William Quarter, nuestro primer obispo, a «la Inmaculada Madre de Dios.» El Cardenal Bernardin recordó esta dedicación en la ocasión del 150 aniversario de la Arquidiócesis en 1993. Sería apropiado marcar este 150 aniversario del dogma volviendo a dedicar la Arquidiócesis, consagrándola al Inmaculado Corazón de María en este próximo 8 de diciembre.

Tal consagración tiene que ser preparada. Los obispos auxiliares y yo hemos preparado un plan preliminar. Que va de la catequesis a la oración a la consagración.

La catequesis en el papel de María de acuerdo al plan de Dios para la salvación de la raza humana inevitablemente menciona el entendimiento de la iglesia sobre la relación entre mujeres y hombres en la sociedad humana y la naturaleza de la Iglesia misma, como esposa de Jesús Cristo. En un documento de La Congregación para la Doctrina de la Fe, fechado el 31 de julio explica que la Iglesia aprende a través de María a cultivar a la iglesia misma en escuchar y recibir la Palabra de Dios, al vivir estrechamente con Cristo y en descubrir el poder del amor. «Al encomendarle a su madre al Apóstol Juan, Jesús en la cruz invita a su Iglesia a aprender de María el secreto del amor que es victorioso.”

El amor está entre las personas, y el amor sexual presupone una complementariedad entre los hombres y las mujeres, en el cual cada uno está biológica, psicológica y espiritualmente comprometido para el otro. El primer hombre vivió en paz con la primera mujer hasta que llegaron a considerar a Dios su enemigo. La supuestamente llamada «guerra entre los sexos» es el resultado inevitable de la guerra de la humanidad con Dios. La Santísima Virgen María a veces es llamada la «Nueva Eva», la madre de aquellos que viven en gracia. Ella, que durante su vida entera fue agraciada, libremente se pone a disposición de Dios para así modelar y conceder la vida de la gracia ganada para todos por Jesús, el Nuevo Adán. En Jesús y a través de María, la paz con Dios y la paz entre nosotros mismos llega a ser posible, no porque lo merecemos pero porque es un regalo puro, gracia pura.

Las personas que comprenden la primacía de la gracia pasan sus días y años con un entusiasta sentido de la presencia Dios en sus vidas y de su dependencia de él.

Viven con la expectativa que Dios los sorprenderá. A menudo recurren a Dios a través de la oración. No les molesta el hecho de no ser los agentes primarios de su propia salvación, porque ellos conocen su pecaminosidad y han experimentado algo del amor infinito de Dios.

Con la ayuda de Dios y las oraciones de María, la próxima celebración del 150 aniversario del dogma de la Inmaculada Concepción reanimará en la Arquidiócesis un sentido de la primacía de la gracia y nos ayudará a vivir juntos en paz. Ésta es mi oración, y espero que sea la suya también.

 

Fraternalmente en Cristo

 

 

 

Cardenal Francis George, OMI

Arzobispo de Chicago

 

 

 

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