catholicnewworld.com Portada Cardenal George
Información
Escríbanos
Subscripciones
Publicidad
Archivos
Sitios Católicos
Mapa del Sitio
Catholic publisher for the Archdiocese of Chicago
Spanish language newspaper for the Archdiocese of Chicago
Katolik
Archdiocesan Directory - ordering and advertising information.
Archdiocesan Directory - ordering and advertising information.
Arquidiócesis de Chicago
Agosto 2005

Lenin en Estados Unidos 2005

El mes pasado, durante la reunión de la Conferencia Nacional de Obispos en Chicago, un reportero de televisión me preguntó si creía que la fe religiosa de un político debía ser privada y no tener influencia en los juicios que dicho político hace como figura pública. Respondí que la naturaleza propia de la fe religiosa yace en ser una respuesta total a Dios, influyendo cada aspecto de la vida de un creyente. El reportero mencionó al Presidente John F. Kennedy, quien una vez indicó que apoyaba una total separación de la fe y la política durante su campaña por la presidencia. No fui lo suficientemente rápido en la conferencia de prensa para señalar que el Presidente Kennedy había también agregado que, si surgiera un conflicto entre su fe religiosa y sus responsabilidades públicas, renunciaría a su puesto público. Esa declaración al menos salvó la integridad personal de JFK, aunque no resolvió el problema.

Más tarde, un periodista de Chicago, quien fue criado como católico, escribió acerca de mi comentario sobre la fe y la política con un poco de alarma; pero no entiendo por qué cualquier estadounidense querría vivir en un país donde la fe religiosa debe permanecer enteramente privada y donde la vida pública y las decisiones que les dan forma deben estar libres de cualquier influencia religiosa. Ya tuvimos la oportunidad de conocer semejante estado en nuestra vida. Se llamaba la Unión Soviética. Lenin, el fundador de la organización gubernamental de la Unión Soviética, puso la libertad de religión en la constitución soviética. Sin embargo, lo que esto significó en la práctica, fue que cualquiera podía creer lo que deseara, siempre y cuando lo guardaran en silencio y nunca, de ninguna manera, influ-yera la vida pública, la cual era totalmente secular al punto de ser atea. Uno podía ir a la Iglesia en la Unión Soviética, puesto que el gobierno se aseguró que algunas iglesias permanecieran abiertas. Pero la religión estaba totalmente confinada a la mente y el corazón propios y a un edificio parroquial. La fe era privada y fue sistemáticamente excluida de influir la vida pública. Resulta extraño escuchar la solución de Lenin en las mentes y bocas de periodistas estadounidenses.

La primera enmienda a la Constitu-ción de los E.U. impide al gobierno establecer una religión oficial o Iglesia de Estado, como la tienen en Inglaterra, Escocia, Noruega y Dinamarca. Evidentemente esos países se las han arreglado para ser libres sin la separación institucional de Iglesia y Estado. No hay, sin embargo, iglesias de Estado en países católicos, y no sé de ningún católico en los Estados Unidos que anhele una aquí. Sin embargo, la primera enmienda a la Constitución de E.U. protege el libre ejercicio de religión y no dice nada acerca de excluir credos religiosos, incluyendo el catolicismo, de la vida pública. Hablar de cada influencia de la religión en cuestiones públicas como un problema de "Iglesia-Estado" es utilizar mal el lenguaje. Cuando una persona de fe religiosa llega a decisiones acerca de la vida pública a la luz de esa fe, la Iglesia no está involucrada institucionalmente con el Estado ni viceversa. La fe de los ciudadanos forma, sin embargo, parte de su vida pública, como debe ser. Si una persona religiosa prescinde de sus convicciones personales cuando se trata de cuestiones de política, dicha persona viola su propia conciencia y no es de fiar.

La solución que tomamos aquí en Estados Unidos presupone, por supuesto, que el Estado no controla toda la vida pública. Se supone que debemos tener un gobierno limitado. Ese principio también se ha visto debilitado en décadas recientes conforme más y más aspectos de la experiencia humana han caído bajo control gubernamental, especialmente a través de las cortes y las agencias reguladoras en cada nivel de gobierno. La Suprema Corte ha tomado un papel tan desproporcionado en nuestro gobierno y ahora tiene una influencia tal sobre la vida diaria que el argumento actual sobre las nominaciones a la Corte tienen la importancia de decisiones de vida o muerte. Como, de hecho, lo es. "Tiene que haber una ley" dice el viejo dicho. Sin embargo, aquellos que demandan soluciones legales para cada problema humano, no tienen el derecho de quejarse por que nuestras vidas estén reguladas por jueces y abogados.

Se me ocurre que la manera en que nos aproximamos al pluralismo en cuanto a raza y cultura suministra el paradigma para aproximarse a la religión en la vida pública. Si alguien sugiriera que un afro-americano debe mantener su raza confinada a su hogar y utilizar un rostro blanco en público, la sugerencia sería inmediatamente condenada como racista e intolerante. Una vida pública saludable da primero la bienvenida a la diversidad en público y después encuentra soluciones para compartir las diferencias entre las personas para así poder enriquecer a todos. La cuestión de la religión es más complicada, por supuesto, porque la religión es una forma de vida con demandas morales, las cuales tienen cosas en común con las leyes y la política.

Pero la solución no es poner a la religión en un closet privado, porque eso pone en peligro la libertad de todos. Se supone que la "separación" estadounidense de la Iglesia y el Estado anime la práctica de la religión como parte de un bien común, respetando cada diferencia y sin censurar ninguna.

Algunas veces pienso que el miedo a la religión como algo público es realmente el miedo que tenemos a que alguien o algo nos diga que cambiemos, que nos convirtamos. El llamado a cambiar las ma-neras propias es un insulto a aquellos casados con el status quo. Un reto religioso puede ser ignorado de manera más fácil simplemente etiquetándolo como inconstitucional.

Sin embargo, las personas y las instituciones religiosas, no pueden consentir de manera callada su propia marginalización de la vida pública. La naturaleza de la fe prohíbe dicha solución.

La Iglesia, como todos debemos saber, está celebrando un año especial, el Año de la Eucaristía, declarado por el fallecido Papa Juan Pablo II para realizarse de octubre de 2004 a octubre de 2005. Además de la devoción privada, las oraciones familiares y los servicios en las parroquias, la Arquidiócesis está patrocinando una procesión pública con el Sagrado Sacramento el 5 de agosto. Los Caballeros de Colón han escogido celebrar su propio Congreso Eucarístico aquí en Chicago el 4 y 5 de agosto, y hemos sido invitados amablemente por esta orden ejemplar a ayudar a planear la conclusión de su Congreso. Después de la misa a las 11:30 en el Hilton, los Caballeros escoltarán al Señor en el Sagrado Sacramento desde el hotel hasta la Fuente Buckingham, donde los católicos de la Arquidiócesis están invitados a unirse a la procesión alrededor de la 1:00 p.m. Llevaremos al Santísimo Sacramento en procesión hasta las 3:00 p.m. a lo largo del Grant Park hasta la Concha Acústica Petrillo para su adoración y recibir su bendición.

Para obtener más información puede consultar los carteles y boletines que encontrará en sus parroquias donde se le informará de las distintas maneras de llegar al centro de Chicago sin contratiempos. Oren por que tengamos buen tiempo, pues parece haber en Chicago una tradición de lluvia en las procesiones Eucarísticas. Vengan y hagan a Lenin, donde quiera que esté, triste y al Señor, realmente presente en el Sagrado Sacramento, feliz. Que Dios los bendiga.

Sinceramente suyo en Cristo:

Cardenal Francis George, O.M.I.

Arzobispo de Chicago

Tapa


The Catholic New World | Portada | Resumen de Noticias 
Cardenal George
 | Información | Escríbanos  | Subscripciones 
Publicidad | ArchivosSitios Católicos
 | New World Publications
Katolik | Directory
Map de Sitio