Acompañando a Cristo en su Pasión
La estación de la Cuaresma nos adentra en el misterio de la pasión, de la muerte y de la resurrección de Cristo. A partir del Miércoles de Ceniza hasta la Vigilia de Pascua, la liturgia de la iglesia está diseñada para sumergirnos en el gran misterio de nuestra salvación, conformándose más de cerca a Cristo así como oramos a través de los acontecimientos que nos traen la salvación. Las prácticas penitenciales de Cuaresma unen a la pasión de Cristo nuestros propios sufrimientos voluntarios: (ayuno, actos de penitencia y caridad) e involuntarios (enfermedad, pérdida financiera, problemas de familia, prejuicio social y violencia).
Esta Cuaresma, una particular interpretación cinematográfica de la Pasión del Cristo ha capturado el interés de millones: La Pasión del Cristo de Mel Gibson. El interés que ha rodeado el estreno de la película el Miércoles de Ceniza ha sido generado por la controversia que ha envuelve su presentación a audiencias seleccionadas éstos pasados meses. Hace un par de meses, miré un áspero corte de la película aquí en Chicago. Debido a que la película todavía no estaba terminada cuando la vi, encuentro más fácil hablar individualmente sobre la energía de las imágenes en vez de emitir un juicio sobre la misma película.
Las imágenes son poderosas y expresan la brutalidad de la forma Romana de crucifixión, la cual era muerte por tortura. La violencia física, sin embargo, es una metáfora para la violencia espiritual que por si misma es pecado. Es inevitablemente impactante ver al hijo de Dios pecar por nuestro propio bien.
En el huerto de Getsemaní, una figura andrógina y siniestra que simboliza la energía de Satán a través de la película se acerca a Jesús mientras que él lucha con lo que él debe sufrir y le susurra, «es demasiado pesado; ningún hombre puede resistirlo.
Pero usted resista, Jesús lo resistió; y al ver la película en completa oración o devoción puede ser una manera de acompañar a Cristo en su pasión esta Cuaresma. los apuntalamientos teológicos de la película nos llevan más allá de los acontecimientos de la pasión a una comprensión de Jesús como la Víctima Pascual y el Pan de la Vida, ligando la Ultima Cena y la Cruz. Para aquellos que utilicen esta película para acompañar al Señor en su pasión se encontrarán en compañía de su madre, la Santísima Virgen María que es representada como un personaje tan integral a la muerte de Cristo así como ella fue necesaria para su vida.
La película es una interpretación basada en los Evangelios y en la escritura de algunos místicos y, finalmente, en la magistral habilidad artística del propio señor Gibson. Cada interpretación puede ser cuestionable, y la película ha sido criticada por algunos cristianos y algunos judíos. Las críticas cristianas surgen de una renuencia para tomar simplemente del Evangelio los textos en sí mismos como su única creencia, sin someterlos a las varias formas de crítica Bíblica. Surgen también de la preocupación de que la película pueda dañar el aun frágil diálogo con la comunidad judía el cual se ha edificado cuidadosamente en los últimos 40 años, inyendo los esfuerzos del Papa Juan Pablo II.
Las críticas judías surgen de una preocupación por «consecuencias involuntarias.» La película en sí misma puede no ser anti-Semita o anti-Judía, pero las presentaciones populares de la pasión de Cristo a través de los siglos han sido ocasión para brotes de violencia verbal y física en contra de los judíos, y estos incidentes son parte de la memoria del pueblo Judío. Debemos, yo creo, honrar no sólo estas memorias sino también para intentar ver la película por sí misma con ellos en mente. Como cristianos creyentes, debemos estar conmovidos hasta el fondo al ver la pasión de Jesús presentada tan gráficamente; pero como cristianos creyentes que compartimos esta sociedad con los Judíos, debemos también estar conmovidos por sus preocupaciones. Como cristianos creyentes, condenamos el anti-Semitismo como pecado; el pecado del odio por el pueblo Judío es por lo tanto parte de la pecaminosa historia humana que llevó a Jesús a la cruz.
De hecho, la historia de la pasión es una historia Judía. Jesús fue Judío, el hijo de una madre Judía. Sus amigos y familia y discípulos fueron Judíos. Sus enemigos fueron también Judíos. Los conflictos entre el pueblo Judío en los días de Jesús fueron explotados por la ocupación del ejército Romano para imponer las reglas Romanas. Proclamamos en el Credo que Jesús «sufrió bajo Poncio Pilatos. Pilatos puede ser visto como alguien que renuentemente accedió a la muerte de un hombre que el sabía era inocente, o puede ser visto como alguien quien hábilmente manipuló a los líderes Judíos por si mismos en aclamar a César como el único rey mientas mandaba a Jesús a su muerte. Los textos de las narrativas de la pasión aportarán cualquier interpretación, aunque la primera ha sido expuesta más a menudo.
En Chicago, muchos rabinos y otros líderes de la comunidad Judía han sido no solamente buenos amigos y vecinos pero, aún más, sensibles a las preocupaciones cristianas, especialmente por nuestros compañeros cristianos en Israel. Algunos en la comunidad Judía ahora verán la película de Mel Gibson sobre todo como una preocupación cristiana, una ocasión mas para la polarización entre los cristianos liberales y conservadores. No es una batalla Judía, dicen. Puede que estén en lo correcto. El Papa ha rezado para que Judíos y Cristianos «trabajen juntos para construir un futuro en el cual no exista mas ningún sentimiento contra los Judíos entre los Cristianos ni tampoco ningún sentimiento contra los Cristianos entre los Judíos. Esperemos que Juan Pablo tenga la razón.
Una ocasión para acompañar a Cristo en su Pasión debe ser una ocasión para arrepentirnos, para sanar las divisiones. Puesto que la Pasión por sí misma fue un brutal acontecimiento, nacido en el odio y pecado y enemistad, quizás la representación de esa Pasión inevitablemente también traiga más división. Cristo mismo dijo que él no vino para traer paz sino la espada, para poner a los miembros de familia unos en contra de otros. Dentro de la familia humana, Cristo es la línea que divide. Él es amado y odiado, representado y falsificado, al igual que su iglesia.
Los cristianos deben dejar esta película y volver a sus iglesias para encontrar en palabra y sacramento al Salvador cuyo amor es más fuerte que la muerte, cuyo amor abraza y une a cristianos con sus más viejos hermanos y hermanas del pueblo Judío. La pasión de Jesús Cristo nos conmueve a la humildad y al arrepentimiento. Yo creo que la interpretación de Mel Gibson de la Pasión puede y debe hacer igualmente lo mismo para los que la vean esta Cuaresma. Espero que los católicos de la Arquidiócesis la vean y la discutan, comparándola con los propios textos del Evangelio. Sobretodo, espero que al verla nos conduzca a la oración y arrepentimiento.
Que Dios los bendiga.
Atentamente en Cristo,
Cardenal Francis George, OMI
Arzobispo de Chicago