La Posada Arquidiocesana:
sus orígenes y su herencia
Texto: Armando Cuaya
La primera Posada Arquidiocesana se
llevó a cabo en diciembre de 1987
como una de las respuestas al proceso
de legalizacion conocido como Ley de
Control y Reforma de Inmigración de1986
(IRCA). Dicho proceso no fue del todo benéfico
para los inmigrantes, por lo que un
grupo de sacerdotes que ya trabajaban
para la comunidad hispana y se hacían llamar
Hispanic Caucus decidió manifestarse
públicamente para dejar clara su posición
frente a dicha ley y con relación a todos
aquellos que buscaban legalizar su situación
migratoria.
La Posada Arquidiocesana fue el marco
donde se presentó una Carta Pastoral llamada
En nombre de Dios pedimos posada,
la cuál a su vez fue el fundamento de esa
primera posada realizada en la Catedral
del Santo Nombre, lugar que no ha cambiado
desde entonces. Dicha carta pastoral
establece de principio que los sacerdotes
firmantes habían callado por mucho tiempo
y explican las razones de porqué lo habían
hecho. “Nosotros, Ministros Católicos de
la Arquidiócesis de Chicago, hemos callado
por mucho tiempo. Cuando debimos haber
hablado en favor de los sin voz; cuando
debimos haber defendido a los indefensos y
cuando debimos haber anunciado BUENAS
NOTICIAS de esperanza a nuestra
gente, acostumbrada a escuchar sólo malas
noticias, permanecimos en silencio. Una
razón de nuestro silencio es que quizás
hemos estado muy lejos de nuestro pueblo
oprimido y de sus sufrimientos, cuando
deberíamos haber estado a su lado. Otra
razón de nuestro silencio ha sido el miedo a
ser criticados por denunciar al orden establecido
y las leyes injustas. En parte, también
hemos callado por no parecer que estamos
en contra de quienes obtendrán la
residencia según la nueva ley. Pedimos
perdón a todos por nuestro largo silencio,
así como su ayuda para que no volvamos a
callar”.
Este reconocimiento, valiente y sincero,
de sus errores, fue el inicio de un compromiso
fiel y permanente no sólo de los ministros
de esa época, sino de muchos otros que
a lo largo de 20 años han continuado con
esa promesa de caminar junto al pueblo
inmigrante, acompañarlo en su peregrinar
sin fin. Veinte años de tratar de concientizar
a todo aquel que no ha logrado ver las
bendiciones que significa la inmigración a
esta nación.
Entonces como ahora, las leyes vigentes
de inmigración, como la ley IRCA, eran
limitadas, por lo que el Caucus la calificó
de inmoral, no por eso no apoyaban a los
que sí calificaban, y luchaban para que
más personas lo pudieran lograr.
“Nosotros, Ministros Católicos de la
Arquidiócesis de Chicago, nos hemos
movido entre el temor y la esperanza frente
a esta ley. Por un lado tenemos miedo a
las deportaciones masivas de quienes no
califiquen bajo la ley y a los terribles abusos
y sufrimientos que tendrán que
enfrentar por ser indocumentados. Sus
derechos humanos esenciales de trabajo y
salario justo, de salud, comida y vivienda
serán restringidos más y más. No podemos
prestar un servicio cristiano auténtico
si nos olvidamos de todos aquellos que
no califican, especialmente de los refugiados,
(…) Nuestro gobierno dice que no
debemos interesarnos por quienes no califiquen,
que el excluírlos es legal, pero
nuestra tradición cristiana afirma que no
podemos cerrarles nuestras puertas”.
La Posada Arquidiocesana es una constante
llamada de atención hacia las
muchas y diferentes necesidades de los
inmigrantes sin documentos. Pero a la vez
es un momento esperanzador pues reconocemos
todo lo que podemos hacer para aliviar
el dolor y las necesidades de nuestros
hermanos inmigrantes, de cualquier nacionalidad.
La posada es un reto para que
todos, laicos y religiosos, nos comprometamos
solidariamente en un sólo esfuerzo
para que haya leyes de inmigración justas
y que beneficien a la mayoría. Y esto es
posible. Lo hemos visto este año cómo ciertas
propuestas de leyes inmorales, como las
de hace 20 años, pretendían volverse leyes
permanentes. Diferentes comunidades de
inmigrantes salimos a marchar en toda la
nación, y luego a votar, lo cual ha logrado
cambios políticos que podrían traducirse en
leyes migratorias favorables para todos los
inmigrantes y sus familias. Como Iglesia
que damos posada hemos visto el compromiso
en los obispos de Estados Unidos y
México expresada en la carta pastoral
Juntos en el camino de la esperanza ya no
somos extranjeros. De igual manera nuestras
comunidades parroquiales han sido
acompañadas en esta lucha por más de 130
Sacerdotes pro- Justicia para Inmigrantes,
en colaboración cercana con líderes parroquiales
y agencias comunitarias.
La Posada Arquidiocesana se ha mantenido
fiel a los inmigrantes, marchando
cada diciembre por las calles de Chicago,
manifestando que estamos conscientes de
su presencia y de sus necesidades y que
sabemos cómo responder a muchas de
ellas. La Posada Arquidiocesana es un símbolo
de lucha por el Reino de Dios, por una
sociedad justa que respete las aportaciones
de inmigrantes, que reconozca su verdadero
valor y dé una sincera y calurosa bienvenida
al inmigrante. La Posada
Arquidiocesana existirá, como lo dijo el P.
Juan Huitrado, mientras haya un sólo
inmigrante indocumentado.