La Exaltación de la Santa Cruz
Padre Claudio Diaz
Durante la dominación del imperio Romano la cruz fue utilizada como un instrumento para castigar a los no ciudadanos identificados como contrarios al sistema. El propósito era reducir al individuo, humillarlo más allá del reconocimiento humano y enseñar una lección pública a aquellos que estaban pensando en quebrantar la ley romana. El ser crucificado o el tener a un pariente que iba a perecer crucificado era una experiencia ignominiosa, tocando la fibra más profunda de compasión por el reo.
La crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo tuvo un impacto universal. Sometió al mundo a un estado de catarsis y de introspección. Para los judíos era un motivo de escándalo (¿Quien quiere morir como un criminal?). Para los griegos el concepto no era lógico (¿Qué tipo de dios permite eso?). Todo parecía enigmático, misterioso, ilógico e incomprensible.
Pero, ¿qué tiene de diferente y particular esta cruz? En la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, Dios “vació” toda su divinidad. Tomando la forma de un esclavo, de un servidor, se humilló tomando una de las formas más degradantes de su época. El teólogo católico Pierre Teilhard de Chardin llama a esta disposición “la follie de la Croix”, la locura de la cruz. ¿Cuánto amó Dios al mundo? Lo hizo al borde de la locura. Dios amó tanto al mundo que entregó a su unigénito hijo para que todo aquel que creyese tenga vida en abundancia, vida eterna.
La fiesta de la Santa Cruz se celebra el 14 de septiembre. Este día, la comunidad guatemalteca celebró su 185 aniversario de la emancipación de su país con una Eucaristía que se llevó a cabo en Ntra. Sra. De Lourdes. Tuve el honor de presidir sobre ella. Los símbolos de la bandera y otros detalles relacionados con Guatemala fueron desplegados en diversas áreas del santuario. El coro entonó el himno nacional como vestíbulo musical a la celebración eucarística dando el sentido de la ocasión. La iglesia se complacía con el apoyo y presencia del Señor Cónsul Don Gustavo López y se regocijaba con la presencia de sus hijos guatemaltecos, sonrientes, luminosos y llenos de esperanza.
Esta comunidad tiene una devoción muy especial por el Señor de Esquipulas. Esta imagen refleja un Cristo en su cruz. Pero ni el semblante ni la cruz misma son signos de derrota. Por lo regular este Cristo está adornado con una vestidura rematada en hilos de oro. La cruz es aderezada con flores y otros materiales que reflejan el estatus del crucificado: a pesar de la cruz siempre Rey… a pesar de la cruz siempre Dios.
La comunidad guatemalteca se puede identificar fácilmente con la cruz. A pesar de varios retos y momentos de dificultad en su país (tragedias naturales como el terremoto de los 70, luchas intestinas de naturaleza política, crisis económica) y fuera (la diáspora guatemalteca, el cruzar no una sino dos fronteras) no se rinden. Su sentido del deber, de la familia, del amor a Dios, del arduo trabajo y otros valores dejan ver un pueblo que “a pesar de la cruz siempre mira hacia la luz”, la luz del sepulcro vacío. Con esta disposición se identifican con un Cristo crucificado que experimentó luminosa resurrección para que todos seamos uno bajo el estandarte triunfante de Jesús. Sigamos el ejemplo del Salvador trayendo nuestra humanidad a la divinidad de Jesús. Él fue quien nos enseñó a morir para que aprendamos a vivir en la vida eterna.
Elevemos una oración por la comunidad guatemalteca y por todos aquellos que se identifican con al cruz. Que sea nuestra la esperanza de una resurrección personal, universal y cósmica según vayamos cargando nuestras cruces a un sepulcro vacío… a un banquete eterno. ¡Adorámoste Cristo y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo!