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Arquidiócesis de Chicago
Las reliquias de los mártires mexicanos visitaron

Texto Julio Rangel
Fotos David Kamba

El 21 de julio fue la fecha elegida para iniciar en Chicago la veneración de las reliquias de seis sacerdotes que se encuentran entre los 25 mártires mexicanos canonizados por el Papa Juan Pablo II en el año 2000. Las reliquias, contenidas en un fino relicario de plata labrada en forma de cruz, estuvieron en Chicago por tres días como parte de un trayecto por los Estados Unidos con el que los Caballeros de Colón, orden a la que pertenecieron los mártires, buscan difundir la historia de estos sacerdotes caídos durante la llamada “guerra de los cristeros” en México, a finales de los años veinte.
“Nuestra religión es muy física”, dijo el padre Claudio Díaz ante los feligreses que se habían reunido en la parroquia de la Inmaculada Concepción, en el sur de Chicago. Dio ejemplos de esto: “En el sacramento del sacerdocio se ungen las manos, se toca la cabeza, etc.” Con lo anterior, el padre Díaz explicó la importancia de los objetos sagrados en la devoción católica. “De allí que lo material que sea tocado por el Espíritu Santo sea objeto de devoción”.

El padre Claudio Díaz es director de la Oficina para Católicos Hispanos de la Arquidiócesis de Chicago. Durante la misa que fue invitado a oficiar en la citada iglesia, el sacerdote recordó a los asistentes que etimológicamente “reliquia” significa “recordatorio”. “Desde el principio la Iglesia ha tenido el aspecto de respetar aquellos signos y expresiones materiales que provienen de Dios”, dijo.

Efectivamente, el culto a las reliquias hunde sus raíces en los comienzos del cristianismo. Se dice que los primeros restos físicos de que se tiene noticia son los de San Esteban, el primer mártir de la Iglesia católica. “Ellos están vivos, están aquí”, dijo el padre Díaz, refiriéndose a las reliquias de los mártires. “Para saber a dónde vamos tenemos que saber de donde venimos. Quien conoce su historia conoce su identidad”, agregó.
Después de la misa, pese a las ligeras lloviznas que iban y venían en la tarde gris, una peregrinación de feligreses, encabezada por los Caballeros de Colón, llevó el relicario por las calles del vecindario hasta la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, un sitio histórico para el catolicismo hispano, pues fue esa la primera parroquia erigida para servir a la feligresía hispana en 1928, época en que, paradójicamente, se vivía en México la Guerra de los Cristeros en la cual fallecieron los seis sacerdotes canonizados.


El conflicto

En los años entre 1926 y 1929, México escenificó una revuelta civil de grandes magnitudes, cuando el gobierno de Plutarco Elías Calles limitó el ejercicio de la religión en la esfera pública, poniendo en efecto la Constitución de 1917 que prohíbe al Clero participar en política, limita su derecho a poseer bienes raíces y las manifestaciones de fe en la vía pública.
En la línea nacionalista que prevaleció después de la Revolución mexicana, Calles decidió aplicar mano dura al culto católico, y en un intento de romper con El Vaticano, creó en 1925 la Iglesia Católica Apostólica Mexicana. Con esto, Calles esperaba ganarse el apoyo popular. El resultado, sin embargo, fue el contrario, pues la gente se movilizó en varias partes del país para defender sus iglesias. Un grupo católico buscó la resistencia legal por medio de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa en 1925, pero ésta fue declarada ilegal y condenada a la clandestinidad.
La tensión creció, al grado que en los estados de Jalisco, Tabasco y Chiapas se prohibió el culto católico. Algunos grupos católicos empezaron a organizar boicoteos económicos al Gobierno. Más tarde, Calles ordenó cerrar las escuelas religiosas y la expulsión de sacerdotes extranjeros. La gente organizaba misas en casas particulares mientras las hostilidades crecían en todo el país. Los católicos recopilaron dos millones de firmas a favor de una reforma constitucional que no procedió. En tanto, seguían cerrándose iglesias.
El conflicto escaló a tal grado que en enero de 1927 algunos grupos católicos comenzaron a juntar armas y los campesinos comenzaron una guerrilla que al grito de “Viva Cristo Rey” fue conocida como Cristeros. Los alzamientos ocurrieron básicamente en el Bajío y el centro del país. En 1928 Álvaro Obregón derrotó a Calles en las urnas, pero fue asesinado al poco tiempo. El presidente interino, Emilio Portes Gil comenzó la negociación con los grupos católicos. Se calcula que alrededor de 50 mil personas pelearon del lado de los Cristeros. Los levantamientos fueron apagándose poco a poco, pero no fue sino hasta 1992 que México reanudó relaciones diplomáticas con el Vaticano, por gestión de Carlos Salinas de Gortari.


Misa a escondidas

Respecto a esta época turbulenta los Caballeros de Colón, orden establecida en México en 1905, dicen en el folleto que acompaña la peregrinación de las reliquias: “Caballeros de Colón no sólo rehusó irse de México, sino que los 400 miembros en existencia en 1918 se convirtieron en 43 consejos y 6,000 miembros en sólo cinco años.”

Caballeros de Colón, el grupo al que pertenecían los seis sacerdotes cuyas reliquias viajan por el país, fue declarado fuera de la ley en esos años. El conflicto armado aún da mucho que hablar entre historiadores de todas las tendencias ideológicas, pero en 2000 el Papa Juan Pablo II decretó la canonización de los 25 mártires.
El relicario ha viajado ya por México durante 2005, como parte de las celebraciones por el centenario de Caballeros de Colón, y este año recorre los Estados Unidos.

Los nombres de los seis mártires de la orden cuyas reliquias viajan son:

Luis Batiz Sainz
José María Robles Hurtado
Mateo Correa Magallanes
Miguel de la Mora
Rodrigo Aguilar Alemán
Pedro de Jesús Maldonado Lucero
“Estos mártires seguramente dieron misa a escondidas” dijo el padre Díaz, quien afirmó que entre más se persigue a la Iglesia, más florece ésta, así sea a nivel subterráneo, y dio como ejemplo a los países comunistas de Europa del Este. “Mientras (en México) más se torturaba a sacerdotes, monjas y laicos, más el pueblo se convertía”, agregó.
La visita de las reliquias terminó el 23 de julio con una misa en la Catedral del Santo Nombre, que incluyó un servicio de oración y veneración.