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El Papel de los Cónyuges en el Matrimonio
Con las promesas de amarse y respetarse permanentemente, hasta la muerte, y todo lo que esas promesas implican, viene la responsabilidad de proveer, económicamente, todo lo necesario para el nuevo hogar que se constituye: la pareja y los hijos. Cuando muchos de nuestros papás y abuelos se casaron, éste era un papel asignado, automáticamente, al hombre. A la mujer se le asignaba, también automáticamente, el papel de los oficios domésticos y el cuidado de los hijos.
En épocas pasadas había una división bien marcada entre las actividades del hombre como proveedor y las actividades de la mujer como ama de casa. Hoy día, el papel de la mujer ha dado un giro gigantesco. Del papel tradicionalmente asignado a ella, ha pasado al campo laboral y profesional, convirtiéndose en proveedora de lo económico, mano a mano junto con el hombre. Por otro lado, el papel del hombre ha quedado casi intacto no sólo en el campo laboral y profesional, sino también en el hogar.
Este cambio tiene ciertas implicaciones en la relación de pareja, que vale la pena mencionar. Ciertamente la mujer ha superado las barreras que le impedían desarrollarse en el campo laboral y profesional, pero no ha podido encontrar un balance saludable con respecto a su papel tradicional. Todavía en muchos hogares, se espera que la mujer cumpla con su papel tradicional, aparte del trabajo de tiempo completo que desempeña. Todavía hay muchos hombres que sienten que su papel de proveedor es el único papel que deben desempeñar en el hogar, y que las tareas domésticas no son para ellos.
Si la provisión de lo económico es hoy tarea tanto del hombre como de la mujer, las tareas domésticas deberían ser también realizadas tanto por el hombre como por la mujer. El paquete de responsabilidades en el hogar co-rresponde no sólo a uno de los cónyuges, sino a ambos. Esta no es una cuestión de feminismo, sino una cuestión de justicia, de conciencia y de amor. La realidad ha cambiado y el papel del hombre y de la mujer en la relación matrimonial podría necesitar ser reajustado.
La maternidad se ve tremendamente impactada también por el desarrollo profesional y laboral de la mujer. Porque, eso sí, el privilegio que tiene la mujer de participar directamente en el desarrollo de una vida humana, al llevar a su bebé por nueve meses en su vientre, no puede ser compartido por su esposo. Este es un don asignado a ella por Dios. Nosotros, los hombres, sólo podemos observar de lejos, y envidiar, con una envidia sana, ese gran don y privilegio de la mujer. Pero cuando el o la bebé nazca, sí podemos ayudarle en todos sentidos, desde cambiar un pañal, hasta alimentar y bañar a nuestro hijo o hija, a la vez que cuidamos y ayudamos a nuestra esposa para una pronta recuperación.
Cuando después de dos o tres meses la esposa, finalmente regresa a su trabajo, debemos ser conscientes de que por el hecho de que ella llevara en su vientre, por nueve meses, a su bebé, no quiere decir que tenga que asumir también sola, la responsabilidad del cuidado y disciplina de su hija o hijo. Eso es tarea de ambos. Sé que usted se puede estar preguntando si el que la mamá trabaje es lo mejor para los hijos. Este es otro tema que trataremos en otras ediciones de Chicago Católico.
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