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Arquidiócesis de Chicago
Un cambio en Cristo... Misión Chicago

Padre Claudio Diaz

Vivimos en una sociedad que aparentemente promueve el cambio. Muchos individuos cambian sus casas y coches comprando estilos y modelos nuevos, sus caras y cuerpos a través de la cirugía, su apariencia y ropa con lo que le pida la moda y demás. Se da la impresión de que el cambio es siempre bienvenido y fomentado. Todo es así excepto para las cosas que verdaderamente valen, las cosas del alma.

Nuestro Cardenal, en una reunión que tuvo con los sacerdotes de la Arquidiócesis el 1 de junio indicó “Muchas personas no están dispuestas a cambiar. Resienten el cambio.” Estoy de acuerdo. El cambiar el estilo de peinado, los muebles de una casa, el número del celular es fácil y sin complicaciones dramáticas. No conlleva un esfuerzo sobrehumano y no requiere ir más allá de nuestras fuerzas y recursos. El poder de trasformar algo, para la sociedad en que vivimos, es otra manera de establecer quién está en control, de reafirmar la autoridad y el individualismo de quien lo hace. El cambio interno no funciona así, no se deja llevar por esos valores.

La transformación que conlleva esfuerzo a un nivel más profundo es el cambio del corazón. En estos casos el valor reside en abandonarse a un poder mayor para lograr el cambio. A los seres humanos nos cuesta el cambio. Muchas personas desean vivir sólo y llanamente bajo sus términos, bajo sus condiciones, y esto es insuficiente. Tenemos que ser, vivir y servir bajo los términos de Jesús. Cuando nos centramos en la persona de Nuestro Salvador reconocemos nuestra verdadera identidad y contribuimos como agentes secundarios a su plan de salvación. Es en ese instante cuando podemos decir que vivimos bajo los términos de Jesús, pues “no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”. Y para lograr esa visión requerimos de un encuentro donde nuestra fe se nutra y se personalice. Muchos estamos catequizados. Quizás conocemos nuestros sacramentos, algo de la historia de la Iglesia, algo de las vidas de los santos, un poco de nuestro deber católico y demás. Pero, ¿Cuántos hemos hecho de Jesús el centro, la base y razón de nuestra vida? Quizás necesitamos que alguien nos recuerde quienes en realidad somos. ¡Requerimos de evangelización!

La evangelización apunta hacia una conversión. La conversión es ese pensar y sentir que nuestras vidas han sida compradas por el Rey de reyes en el Gólgota y que con su resurrección se nos presenta un estilo de vida que nos lleve hacia la salvación. Una vez descubrimos este gran don hay que compartir con otros la Buena Nueva; estamos llamados a la salvación. La fe tiene que partirse y repartirse. Tiene que ser pasada a otras manos que puedan continuar la obra comenzada por Jesús. Pero para poder darla hay que tenerla. Todos tenemos que prepararnos: sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos. Todos tenemos que conocer el plan maravilloso que Dios tiene para su Iglesia, para el mundo, para nosotros.

En vista de este llamado, la Arquidió-cesis de Chicago está desarrollando Misión Chicago. Esta misión será una serie de noches de predica en español que se llevará a cabo en varias partes de la arquidiócesis. En estas noches se pretende decir la verdad sobre Jesucristo y hacerlo de una manera donde todos quieran ser parte del plan de Dios en sus comunidades de fe. En Misión Chicago se pretende lidiar con preguntas como ¿Qué está perdido en mi vida?, ¿Quién o qué es el centro de mi existencia? ¿Cuál es el poder de la cruz? y otras interrogantes que nos ayudarán a poner en perspectiva quiénes somos y hacia dónde vamos. Es un llamado a ser evangelizados.

Si la evangelización es efectiva y si el corazón está abierto, entonces hay conversión. La conversión te inspira, dándote esa visión necesaria para seguir en los caminos del Señor. La conversión te conecta con una realidad mayor a la cual ya hemos sido llamados en las aguas bautismales y nos toca responder. Finalmente la conversión cambia tu vida. En semanas venideras verán más información sobre Misión Chicago. No dejes pasar esta oportunidad donde Dios nuevamente toca a tu corazón y te invita a que continues laborando por su reino. Dile “sí” a Misión Chicago con tu presencia y abre tu corazón al cambio... Cambia en Jesús.

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