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Arquidiócesis de Chicago

¿Qué pide el Pueblo de Dios? ¡Luz y Justicia!


Padre Claudio Díaz Jr.
Director Oficina para
Católicos Hispanos

Utilizamos la luz de diferentes formas; para iluminar nuestros caminos en un bosque o en nuestro patio trasero, para anunciar un producto en un tablero de luces o para indicar una salida particular en el expreso. Utilizamos la luz en las velas sobre un pastel de cumpleaños o como parte de nuestra oración frente a nuestra devoción preferida. Quizás utilizamos una lucecita nocturna en nuestras habitaciones de dormitorio para “espantar el miedo”. La lista es interminable. En todos estos casos la luz nos da un sentido de comodidad, seguridad y hasta un sentido de dirección. Fue en la oscuridad donde Nicodemo decidió encontrarse con el maestro, con Jesús y presentarle una serie de incertidumbres. Nicodemo fue a Cristo buscando luz.

 

Una fuente de luz hace que las tinieblas desaparezcan trayendo claritas, claridad, a nuestro alrededor y en ocasiones al interior de nuestro ser. Eso fue lo que aconteció en la marcha del viernes 10 de marzo a favor de una reforma en las leyes migratorias. El pueblo se convirtió en una fuente de luz.

 

Todo comenzó en un parquecillo en la esquina de las avenidas Ashland y Lake. Me encontraba corriendo entre citas cuando mi asociado, el padre Rigo Gámez, se ofreció para llevarme al comienzo de la marcha. El tráfico no se movía. La multitud, las pancartas, los estandartes, rótulos, instrumentos musicales y demás llenaban el aire de la avenida Ashland con un sabor a fiesta. Se sentía claramente el bullicio del pueblo la ansiedad fructífera, el nerviosismo y la expectación de una masa que sabe lo que está haciendo; pidiendo justicia. Debido al tráfico inescapable, mi asociado me dejó un par de cuadras cerca de la tarima principal del comienzo de la marcha. Crucifijo en mano salí abriéndome paso a la tarima principal con las palabras de “Paso a Jesús” y "Que viva Cristo Rey”. Ya la actividad estaba en todo su apogeo. En ese contexto se hizo la oración de partida. La música, la alegría, la energía de la asamblea eran simplemente contagiosas, pero todos hicieron una pausa para invocar el nombre del Señor. Al comenzar la marcha las voces vitoreaban ¡Justica! ¡Hispanos unidos, jamás serán vencidos! ¡El pueblo de Dios, presente! Más del 85% de los asistentes venía de parroquias, de comunidades de fe acompañados por sus sacerdotes y demás líderes pastorales parroquiales. Fue un evento altamente hispano. Fue un evento altamente católico.

 

 Al igual que Nicodemo, salimos de la oscuridad a la luz avasalladora de la verdad y la justicia. Entendiendo que todos somos hijos de Dios, por ende hijos de la luz, vamos en la marcha caminando hacia la verdad. La verdad que demanda no sólo palabras heróicas, discursos inspiradores y argumentos inteligibles del porqué hacer lo que es correcto, sino también requiere una acción concreta, una respuesta real, una vivencia tangible. Primero viene la fe, nuestra convicción de cristiano-católico. Sin la fe el activismo es solamente eso; mero activismo, lo cual en sí es una causa noble pero no es suficiente para el cristiano. Cuando la acción está basada en los valores fundamentales del Evangelio y la Buena Nueva, ya no es una actividad social, altruista o inclusive específicamente moral sino el trabajo de Dios hecho a través de las manos de los hombres. La Buena Nueva nos pide el clamar por los más pequeños, el dar la cara por los más indefensos, el dar la vida por los demás... El ser como niños.

 

Nicodemo sale de su encuentro con Jesús renovado, iluminado. Fue este evento el que le dio las agallas necesarias para llevarle al entierro de Jesús áloes y mirra, más de cien libras, utilizadas en la preparación de su cuerpo para el Santo entierro. De la oscuridad de la noche sale a la luz del día y del testimonio público dando una respuesta generosa. Generosa fue la repuesta del pueblo cuya marcha al llegar al centro de la ciudad se calculó en una asamblea de más de 500,000 personas. Allí no había sombras, no había miedo,sólo hombres y mujeres marchando, clamando y expresando a Dios Todopoderoso y a las autoridades pertinentes “no lo que queremos sino lo que necesitamos para seguir viviendo y sirviendo en esta nación.” La diversidad de edades, rostros, orígenes, y estatus social enfatizaban la universalidad de la petición. La comunidad hispana se unió en una causa común de manera ordenada y acertada, estableciendo el reconocimiento del aporte de varios indocumentados en este país y la necesidad de leyes que traigan luz y no sombras a un gran porcentaje de nuestra población hispana y de otras nacionalidades.

 

Nicodemo entró en la oscuridad buscando al maestro. Salió luminoso al encontrar el Mesías. En la marcha salimos de la oscuridad del anonimato con la esperanza de iluminar con sabiduría a los que pueden desarrollar leyes incluyentes, justas, que den vida a nuestros inmigrantes. Continuemos evocando, viviendo las palabras del Evangelio dando testimonio con nuestras vidas de los elementos y valores que la palabra de Dios contiene recordando que la marcha final nos conduce al Cielo.