La Navidad en Puerto Rico no es blanca...
es verde
Durante el tercer fin de semana de
diciembre tuve la oportunidad de
viajar a mi "isla del encanto". Fui
con dos misiones: celebrar el 35o aniversario
de bodas de unas amistades y asistir a
una audiencia con el Arzobispo de San
Juan, Don Roberto Gonzáles. Mis primeras
horas en la isla fueron marcadas por el
cambio obvio de temperatura. Con cielos
despejados y a ochenta grados, la isla me
recibió con el bullicio de la gente que se
encontraba de compras y la música navideña
que comienza el fin de semana de Acción
de Gracias y termina ocho días después de
la Epifanía, en lo que se conoce allá como
las octavitas.
Rápidamente me embargaron los
recuerdos de una navidad en Puerto Rico.
Recordé los dulces de coco, la Rosca de
Reyes, el lechón, las morcillas. Recordé las
tradiciones de la misa de gallo en Noche
Buena, de la despedida del Año Viejo el 31
de diciembre, de los regalos recibidos en el
día de Navidad y los Santos Reyes. Las
memorias de la infancia se apoderaron de
mi mente y un sentimiento de suma alegría
se apoderó de mi corazón.
Al día siguiente de mi llegada al pueblo
de Yabucoa, en la costa este, me despertaron
a las cinco de la mañana las campanas
de la iglesia, Los Ángeles Custodios, anunciando
la misa de aguinaldo.
Esta es una tradición antiquísima en la
isla en la cual se reúnen a esa hora los feligreses
para celebrar la Eucaristía nueve
días antes de la navidad. Las canciones son
propias de la temporada navideña, dando
un anticipo de lo que va a ocurrir: el nacimiento
del Niño Dios. Después de la misa
un vecino hospitalario ofrece un desayuno
a los fieles que puede ser tan sencillo como
pan y café o tan complejo como un sopón de
gallina... y si es de gallina vieja mucho
mejor.
El boricua celebra antes, durante y después
del nacimiento la llegada de Verbo
hecho hombre. Los campos y algunas ciudades
se llenan de "parrandas" en donde
un grupo de músicos y amigos llegan tocando
música religiosa y secular a los hogares
a todas horas del día y de la noche.
Canciones cono "esta casa tiene las puertas
de acero y el que vive en ella es un caballero"
y "saludos, saludos, vengo a saludar" se
juntan con los cánticos de la iglesia "Hacia
Belén se encamina..." y mi preferido "El
Villancico Yaucano" inundan así la isla con
una plétora de buenos deseos navideños y
de un próspero año nuevo.
Ciertamente la fiesta de los Reyes
Magos o los Santo Reyes es un momento
clave dentro de la temporada navideña.
Recordé perfectamente como de niño preparaba
con sumo cuidado y parsimonia la
hierba y el agua para los caballos de lo
reyes. Estos en recompensa por la generosidad
y el buen comportamiento de los
niños borincanos nos dejaban bajo nuestras
camas hermosos regalos reforzando la
idea que "cosas buenas suceden a los niños
buenos en la Navidad".
En una ocasión mientras caminaba por
las legendarias calles del viejo San Juan,
frente a un banco se juntó un grupo de
músicos con sus trompetas, congas, panderetas
y voces. Rompiendo la monotonía, si
es que eso existe en Puerto Rico, y con sabor
a Caribe, llenaron la calle, los comercios y
las almas de los transeúntes con música
navideña, de celebración, de vida...
Imaginaba a San José y a la Virgen María
bailando de gozo al son de una plena puertorriqueña
por el nacimiento de su hijo.
Y de trasfondo a esta escena quedaba el
turquesa del mar Caribe, las sonrisas de los
isleños hijos de Dios y el verdor de los campos
de la isla del encanto... La Navidad en
Puerto Rico no es blanca... es verde.
¡Felicidades!