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Arquidiócesis de Chicago

El padre Carlos Dahm
deja huella en Pilsen

Texto: Julio Rangel

Son pocos los sacerdotes que tienen impacto en la comunidad más allá de los muros de su iglesia, que buscan conocer a fondo los problemas del vecindario y hacen de su parroquia un importante centro de servicio a los vecinos. Durante 20 años el padre Charles Dahm hizo de San Pío V en Pilsen un importante centro de atención a la comunidad hispana, al involucrar y motivar a la gente para crear y sistematizar una red de servicios con especial énfasis en los inmigrantes desempleados y en los recién llegados (a los que se da ropa y albergue, se alimenta en la soup kitchen y se les ayuda a encontrar trabajo) y a las mujeres y niños que sufren violencia doméstica. Esto entre muchos otros logros más. Ahora, el padre se ha tomado un periodo sabático y su lugar será ocupado por el padre Brendan Curran, un destacado luchador por la reforma migratoria.

Testimonios
El padre Carlos, como popularmente se le conoce, llegó a la parroquia de San Pío en 1986. "Desde que él llegó a la iglesia como que la parroquia tuvo más presencia", dice la señora Alicia Rocha, "porque era una persona muy cerca de todos nosotros, siempre nos escuchaba, entendía nuestras necesidades, nuestras ideas, nuestras costumbres".

La señora Rocha vive en Pilsen desde 1968, es ministra de comunión y coordina una comunidad de base, entre otras actividades. En una plática nos comparte una anécdota:

"Yo tenía un hijo que estaba muy enfermo y estaba preocupada por él, por que no quería que lo lleváramos al hospital. Un día a las cinco de la mañana se me ocurrió llamar al padre Carlos, pedirle que viniera a prestarme ayuda con mi hijo. Él estaba durmiendo, porque era una hora inapropiada para que yo lo molestara, y sin embargo me contestó y me dijo 'ahorita voy' y no tardó mucho cuando él estuvo allí conmigo y convenció a mi hijo de que tenía que ir al hospital porque mi esposo y yo estábamos muy mortificados por su salud y gracias a su consejo lo hizo reaccionar". Anécdotas como esta son frecuentes entre los feligreses de San Pío.

A unas cuadras de la parroquia, la "Tiendita de San Pío" ofrece ropa a gente sin techo o en situación desesperada. Las personas de los albergues como San José Obrero y algunos lugares de Caridades Católicas llegan dos veces por semana a recoger prendas en buen estado. El lugar está atestado de piezas donadas y en un pequeño espacio, la señora María Díaz, encargada de la tiendita, nos explica que no sólo viene gente sin techo. "También vienen personas a las que se les incendió la casa o el esposo los dejó. Ellos (los servicios de San Pío) les proporcionan alimentación, muchas veces la vivienda, y toda la ropa que está aquí."

La señora Díaz, quien también es coordinadora de comunidades de base, habla del padre Carlos, y al hacerlo, sus ojos se empañan de lágrimas. "Se entregó tanto a nuestra comunidad, se interesó tanto por nuestros problemas, que dejó muchas huellas en nosotros", dice y agrega: "Siempre trató de ayudarnos a nosotros los pobres con todo lo que él podía.

Siempre trató de concientizarnos para que nuestros hijos tuvieran educación, para que los mandáramos a la escuela, y después a la universidad. Porque él estaba viendo tanta violencia en las calles. Empezó a trabajar mucho con nosotros los padres de familia para hacer esos cambios. Yo de eso me beneficié mucho, porque escuché sus consejos."

La señora Mayela Hernández trabaja en la soup kitchen de San Pío. "Yo cocino tres veces a la semana", comenta "lunes, viernes y sábado, y siempre cocino para 200 personas. Puede ser que lleguen 150 o 100, pero siempre estoy preparada para 200 personas".

Ella conoció al padre Carlos hace 15 años, y nos dice: "Me gustó mucho su manera de tratar a la comunidad. Cuando yo llegué aquí lo que más me impresionó es cómo él ha defendido a la mujer en asuntos de violencia doméstica. Eso me gustó mucho, porque yo misma estuve en programas de violencia doméstica y él me ayudó bastante con la consejería y otros programas. Él ha sido muy sensible en ese aspecto".

La señora Sandra Marines es recepcionista en las oficinas de San Pío. Desde que se conocieron, el padre Carlos la motivó para que se superara. "Él me dijo 'tengo un trabajo, allí en la tiendita de San Pío y me gustaría que fuera para usted' yo le dije que no hablaba inglés y me dijo 'allí va a aprender'. Entré a la tiendita de artículos religiosos y allí él me decía 'Sandra, ¿no le gustaría participar en las misas?'. Entonces nos invitó a mi esposo como coordinador de una misa y a mí como lectora. Allí aprendí muchísimo de él".

"Después me dijo, 'sabe qué, ya se está empolvando, necesita aprender más'. Entonces me trajo para acá a San Pío para aprender a usar la computadora, yo no sabía nada de computación, y él me movía las manos y me decía 'no va a explotar, Sandra, no tenga miedo'. Me enseñó a usar la computadora. Luego me dijo, 'ya lo aprendió, ahora quiero que usted estudie más, su autoestima tiene que crecer'. Después se abrió un puesto en la recepción de San Pío y me trajo para acá. Después me dijo, 'ya se empolvó otra vez' y me dio el programa de quinceañeras, yo lo coordino. Además ayudo a Luís Chávez en el progra-ma de Padres ayudando a padres (también creado por el padre Carlos)”.

En sus propias palabras
Nacido en Chicago, el padre Charles Dahm fue ordenado sacerdote en 1964 y cumplió su primer ministerio sacerdotal con estudiantes universitarios en Bolivia de 1965 a 1970. Después volvió a Estados Unidos para obtener su doctorado en ciencias políticas en la Universidad de Wisconsin en Madison, enfocado en política latinoamericana. Antes de ser asignado a San Pío V ayudó a establecer un centro católico para la paz y la justicia, donde trabajó por 12 años.

Su experiencia en la comunidad de Pilsen quedó plasmada en su libro Parish Ministry in a Hispanic Community, publicado en el 2004 por Paulist Press.

Los logros de su estadía en la citada parroquia son muchos, y entre ellos destacan el programa de consejería pastoral para mujeres y niños víctimas de violencia doméstica, que ahora cuenta con siete consejeros que ayudan a más de 110 mujeres y 200 niños; la adquisición del centro juvenil Casa Juan Diego que diariamente recibe a 100 niños y jóvenes y les ofrece programas después de clases; el programa de información sobre el cáncer para mujeres latinas que ha salvado ya vidas; ayudó a formar el Proyecto Resurrección, organización comunitaria que ha construido más de 150 casas y ha remodelado 160 departamentos para ofrecerlos a precios accesibles; creó dos guarderías y comenzó las misas en las calles del barrio, entre muchas otras cosas más.

Hace unas semanas tuvimos ocasión de establecer contacto vía correo electrónico con el padre Carlos, quien se encontraba fuera de la ciudad. Esta es la breve entrevista que sostuvimos con él.

¿Cuáles son sus planes para el futuro? ¿Cuál es el siguiente paso?
Después de haber recibido tantas bendiciones personales en mi ministerio en la comunidad hispana, quiero continuar sirviendo en ella. No sé exactamente cómo lo haré, pero probablemente no como párroco o párroco asociado en una parroquia. Me gustaría responder a la gran necesidad de formación de líderes pastorales y cívicos en la comunidad latina. Espero que después de mi tiempo sabático, me vaya a poder insertar en la pastoral ofreciendo clases y cursos para adultos y jóvenes en conexión con diferentes organizaciones.

Al mismo tiempo, quiero seguir promoviendo unos proyectos que empezamos en San Pío V, específicamente, el programa de apoyo para victimas de violencia domestica y el reforzamiento de la familia hispana. Como Iglesia, tenemos mucho que hacer para responder a las victimas de violencia domestica en nuestras parroquias. Tenemos que animar a las mujeres a buscar ayuda y también proveerles seguridad, consejería y liberación personal. También, nuestras familias se están desbaratando por tantas presiones y esto afecta mucho a nuestros niños y jóvenes. Hemos desarrollado programas para responder a estos problemas y quiero reforzarlos y extenderlos a otras parroquias y áreas.

Usted sirvió en la comunidad de Pilsen por dos décadas, en su opinión ¿cuáles son los principales problemas que enfrenta el vecindario actualmente?
El barrio de Pilsen todavía tiene muchos problemas, como la violencia callejera, la violencia domestica y la desintegración de la familia hispana, la falta de vivienda accesible, el bajo nivel de la educación en las escuelas, la falta de acompañamiento para jóvenes, el bajo nivel de atención medica y el descuido general de la salud personal y familiar, así como la falta de líderes locales para organizar y guiar a la comunidad.

Su libro Parish Ministry in a Hispanic Community revela una voluntad de entender la cultura del inmigrante hispano, y hace interesantes observaciones sobre la vida y la idiosincrasia del inmigrante. ¿Le parece que, en general, la Iglesia católica avanza en la integración de los hispanos? ¿Está preparada la Iglesia para ofrecer los servicios que ellos necesitan? ¿Hay una voluntad por acercarse y entender al católico hispano?
La Iglesia ha respondido en parte al gran número de hispanos católicos que han venido en las últimas décadas. Pero hay mucho mas que se puede y se debe hacer. Todavía, los recursos de la Iglesia católica de Chicago que se dedican al ministerio hispano no son equiparables al porcentaje de católicos hispanos que residen en la arquidiócesis. La Iglesia todavía tiene que mostrar que realmente reconoce a los hispanos y los quiere incorporar como miembros plenos de las parroquias y de la arquidiócesis. Pero nos equivocamos si pensamos que todo se nos va a entregar solamente porque es justo. Tenemos que luchar por lo que necesitamos y por lo que se nos debe como miembros de la Iglesia. Por eso necesitamos muchos mas líderes con visión, entusiasmo y energía para construir una Iglesia que sea sensible a la cultura hispana y la promueva y construya una Iglesia renovada con los valores que la cultura hispana nos brinda.