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¡Feliz Año Nuevo!
El mes de enero siempre nos llena de sentimientos de esperanza, de lo novedoso, del potencial increíble que otro año más pueda tener. Se nos llena el alma de posibilidades, de planes, de resoluciones, de fiesta... Todo comienza con la víspera del Año Nuevo la cual en algunos países, como Puerto Rico, le llaman la fiesta de Año Viejo.
Año Viejo para mi familia era toda una producción. Un familiar cercano se seleccionaba de antemano para fungir como anfitrión. Todos los miembros del clan llegaban al evento con algo de comer y luciendo algo nuevo de vestir. Una gran cena se preparaba acompañada del tradicional licor navideño "coquito". Durante la velada, los niños jugaban en el jardín mientras los adultos entonaban canciones seculares o religiosas de Navidad. Se recibían amigos y demás invitados de la familia. Así empezaba la parranda... Cerca de la media noche la música se dejaba escuchar y todos a bailar pues la abuela insistía que el Año Nuevo "nos debía sorprender bailando". El conteo regresivo era inevitable y mientras a coro gritábamos, "diez, nueve, ocho siete... cero" pretendíamos que el año nos tomaba por sorpresa y nos hundíamos en un mar de besos, abrazos y mutuos deseos de prosperidad. Al día siguiente se hacían las tradicionales visitas de Año Nuevo y a media tarde se cenaba nuevamente con familia y amigos.
Aquí en los Estados Unidos se le dedica a la Madre de Dios, María Santísima, el primer día del año. Se acostumbra ir a misa por la mañana y descansar el resto del día. Dicha solemnidad en este país pone la atención al "sí" de María. Con su cooperación al plan de Dios, no simplemente se convierte en la primera discípula sino que es el medio mortal por el cual Dios se hace humanidad entre nosotros. En sus silencios y reflexiones, la escritura nos dice que ella todo "lo guardaba en su corazón". María manifiesta un gozo profundo, contemplativo y reverente ante la Palabra hecha carne. Esta es una invitación para permitir que Dios también se encarne en nuestras vidas. Estamos llamados a hacer presente la presencia real y verdadera de Dios en lo concreto de nuestra existencia. El contemplar la Palabra de Dios requiere de una reacción, de una respuesta. Este tipo de contemplación profunda conlleva una acción intencional y genuina en nuestras acciones diarias; con compasión, con tolerancia, con justicia, con unidad... con amor.
Estas palabras solamente tienen sentido si las arropamos con "frazadas de humanidad" en nuestro contexto cotidiano. Sólo así las palabras adquieren verdadero significado, cuando dejan de ser palabras para ser acciones.
Otro evento que ocurre en enero es la solemnidad de la Epifanía y como acostumbro decir "la fiesta de los Reyes Magos". En la víspera del advenimiento de los Santo Reyes de chiquillo era la costumbre el que preparásemos el pasto y el agua para los caballos que traían a los Reyes. En Puerto Rico nuestros Reyes Magos llegaban a caballo como fusión cultural de nuestra herencia española. Los tres representaban el mestizaje cultural y racial del Caribe. Según la iconografía isleña Gaspar era trigueño, Melchor era negro y Baltasar blanco. Tres vertientes unidas en un acto de amor al Niño Dios.
Según el famoso escritor irlandés James Joyce y parafraseando sus palabras, una epifanía es un momento, un evento, una ocasión donde todo cae en su lugar. Todo lo requerido, todo lo necesario y todo lo indispensable está presente, dándole a la ocasión una instancia de plenitud y absoluto orden. Una epifanía es el contemplar un instante de verdad sin adulteraciones, de armonía y de belleza. Todas las partes presentes son la antesala de algo que cambiará la vida para siempre. Después de una epifanía simplemente no somos los mismos. Este evento toca la mas profunda fibra de nuestro ser en un momento inefable. Quedamos completos, convertidos.
En la celebración de los Santos Reyes o Epifanía de nuestro Señor, celebramos que todas las partes necesarias están presentes en el portal. Tenemos a Jesús, el Verbo hecho carne. Tenemos a la humanidad cooperadora del plan de Dios en San José y en la Virgen María. Podemos ver también a las potestades celestiales en la miríada de ángeles cantando "Gloria a Dios en las alturas..." Inclusive la naturaleza representada por los animales del pesebre, el buey, la mula, las ovejas, los camellos y demás criaturas dicen presente. Los pobres están representados en los pastores y finalmente en los Santos Reyes los poderosos, los letrados y sabios caen de rodillas en profunda adoración. La sabiduría produce sabiduría y la sabiduría mortal que da vida se identifica con la sabiduría que viene de lo alto en Jesús. Todas las clases, orígenes, naciones, niveles de conocimiento, todo tipo de criaturas terrenales y poderes celestiales están presentes en el pesebre en perfecta armonía y balance. Claro que hay otra presencia necesaria y esencial: nosotros, los que observamos el pesebre. Nos convertimos en parte de la Epifanía en la medida en que celebramos a Jesús en nuestras vidas.
Que este nuevo año de 2006 sea uno lleno de bendiciones. Que las festividades de enero nos llenen con su música, alegría, sentido de plenitud, adoración contemplativa y gozo profundo. Que el claro entendimiento de Dios en nuestras vidas sea una verdadera epifanía que perdure durante el resto del año y se complete con el banquete celestial. Seamos pues parte de la escena del portal de Belén y cuando volvamos a la rutina de nuestras vidas hagamos a otros partícipes de este regalo; Cristo en nosotros y Cristo entre nosotros. ¡Feliz Año Nuevo!
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